Robert Bloch hizo historia y nadie se acuerda de él.Él fue el padre, el creador de ese crudo reflejo de la sociedad; odio, corrupción, control, manipulación, miedo, avaricia, socialización, modelo familiar... todo concentrado en un mismo ente imaginario, un ente en busca de un hueco en un mundo de depredadores.
Realidad camuflada en la ficción más exquisita, oculta para el ojo de esos que se hacen llamar moderadores de la verdad. Un ente explosivo, una bomba de la realidad que ves todos los días, que sientes en tus carnes cuando te lavas la cara por las manañas...
Robert Bloch nos enseñó que nadie es bueno, que no existen los "buenos" y los "malos", que todos somos iguales, unos empedernidos hijos de nuestras madres cuando nos lo proponemos, porque ¿Qué es realmente la bondad? ¿Acaso existe?.
Robert Bloch nos enseño que nada existe en sí mismo, que la relatividad y el caos rige todo el universo mientras nosotros, como seres subdesarollados que somos, seguimos empeñados en que las cosas se pueden definir... somos unos pobres jueguetes sin alma, intentando ocultar nuestra propia esencia bajo etiquetas y criterios sin sentido.
Nos creemos diferentes a él, libres de pecado; creemos tener personalidad, no queremos ver que el entramado sistema de socialización ya se encarga de confundirnos desde que somos pequeños; nos trastorna hasta el límite de la razón trascendental, convirtiéndonos en psicópatas, futuros asesinos en serie de personalidades y sueños. Todos somos Norman Bates.
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