3 de agosto de 2008

Sobredosis de mosto riojano

Una vez más estoy de vuelta, sanote y 100% fetén. Estos dos últimos días han sido realmente provechosos, y ahora explicaré por qué.
Para empezar he de decir que una de las cosas que más me gusta es conducir. Para mí es una sensación de libertad que difícilmente puedo llegar a sentir con cualquier otra cosa: esa brisa mañanera en la cara, esos paisajes que ves pasar, que te paras a contemplar y que se alejan una vez retornada la marcha; ese baile tan sensual de los brazos mientras giran eso llamado volante... más allá de lo moralmente poco ético que les pueda parecer a algunos, para mí no hay nada mejor que salir de excursión un fin de semana rumbo a la aventura: con el opel kostra de 13 años que parece un horno crematorio en verano, mis casetes variados (kaaos, motörhead, kärnvapen attack, música disco, exitos del verano, jotas...) y una ingesta cantidad de comida vegana para intentar amortizar el viajecito.
En este caso me he hecho unos 900km en dos días con los ojitos muy abiertos, por lo que he podido ser testigo de cosas muy gratificantes: muchos lugares nuevos, caras conocidas de gente que vale su peso en estragón, caras desconocidas de gente muy interesante, un mosto divino... y también por desgracia he podido comprobar que todos los lugares están llenos de capullos al volante. Arggg me ponen de los nervios.
Me parece lo más correcto del mundo que la gente quiera correr al volante, yo nunca paso de los 100 en autopista porque me gusta contemplar el paisaje y disfrutar, pero cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida; simpre y cuando no implique a nadie más claro está.
Este fin de semana he sido testigo de las peripecias de bastantes cabrones al volante (que no tienen otro nombre, todo hay que decirlo) que ponían en juego su vida y la de los demás por un adelantamiento de mierda en una carretera nacional.
Ya no solo es el echo de no dejar la distancia de seguridad pegándose a los demás vehículos o echarles las largas para "intimidar" o "meter prisa", si no es el echo de que un coche no es un juguete, y que por mucha prisa que tengas siempre podrías haber salido antes para no acabar haciéndo adelantamientos peligrosos, ¿no?.
Todos los conductores tenemos el mismo fin, que es llegar sanos y salvos a nuestro destino, y no por mucho correr llegaremos antes. Todos aquellos que vieron el accidente de ayer en Belorado y que después siguieron adelantando en curvas y lugares con poca visibilidad deberían pensar en esto. Ayer puede que llegaran a su destino. Mañana quizás no. Realmente no vale apostar en estas cosas más allá de las multas o los puntos del carnet. Una vida nunca tendrá precio, y solo la educación y la reflexión harán que cada uno capte el mensaje.

Por cierto, hoy he metido un nuevo enlace desde la Rioja, capital de los boca negras: la columna rapperpunk. Espero que veáis el blog porque tiene cosillas muy pero que muy interesantes.